
El desarrollo lúdico de una civilización es un inteligente modo de acercarnos a su historia, sus costumbres y sus normas sociales. El juego, instancia por excelencia en que se combinan esparcimiento y aprendizaje, puede introducirnos en el maravilloso mundo del entretenimiento, universo rico y complejo que construimos (y reconstruimos) colectivamente en forma permanente.
Lo lúdico siempre queda impregnado en la cultura y deja su huella marcada en muchos aspectos de ella. Se esparce eficientemente hacia aspectos insospechados
Los dados (con una génesis ubicada geográficamente en Asia) y su historia son un ejemplo tangible de cómo los juegos de azar nacen empapados de particularidades regionales (originalmente se construían en marfil y hueso) y se propagan y difunden, adaptándose, a través de los intersticios de la cultura y el lenguaje, pero al mismo tiempo produciendo impactos y modificaciones tanto en la una como en el otro.
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