
Lamentablemente en el póker como todo en la vida existen personas inescrupulosas, y a veces jugamos con desconocidos, o jugadores eventuales, es por eso que además de estar alertas con el juego hay que estar alertas con los jugadores, obviamente hablamos de juegos privados, ya que en un casino es muy poco probable que hagan trampa.
Existen varias modalidades de hacer trampa que ahora desmenuzaremos para usted:
La segunda carta: esta es la forma más común de hacer trampa en el póker, cuando jugamos póker en una mesa privada fuera de un casino, los que reparten las cartas son los propios jugadores, turnándose en cada mano; la trampa consiste en dejar la carta buena abajo y al momento de repartir, repartírsela a uno mismo o al cómplice.
Esta forma de hacer trampa es muy común y hasta fácil diría yo, lo que hacen es que al momento de barajar las cartas cuidadosamente ponen las carta buena al final, y al momento que reparten, disponen de ese naipe, y a veces es más que una carta las que esconden para poder hacer la trampa, para evitar este tipo de problemas.
Además de estar alertas en el momento de mezclado de las cartas, también hay que partir el mazo antes de cada mano.
Armar la baraja: este tipo de trampa es muy común, solo que se necesita por lo general de más de un “tramposo”, uno, el que baraja y otro que distrae, consiste en armar la barajas en el momento del mezclado de cartas, para manipular el orden de salida de las cartas, es un poco complicado que lo hagan sin llamara la atención, pero aún así lo hacen.

Para todos aquellos que disfrutan de unas buenas manos de Black Jack, Ken Uston fue la persona que todos desearíamos ser.
Para algunos fue el mejor contador de cartas de la historia del Black Jack en los casinos. Nacido en 1935, fallecido en 1987, Uston era hijo de padre japonés y madre austriaca. Sus tácticas para jugar al Black Jack batieron a muchos casinos durante la década del 70.
Uston tenía una inteligencia superior, se estima que su cociente intelectual era de 169, habiendo obtenido un master en matemáticas de la Universidad de Harvard. Su afición por el juego llegaba tan lejos que, cuentan, abandonó su puesto como vicepresidente de una empresa para unirse a un grupo de jugadores que se dedicaban a contar cartas.
Así, con este grupo de gente se dedicó en un principio a jugar en los casinos de Las Vegas, Nevada, acumulando ganancias por varios cientos miles de dólares.
Posteriormente se separó de este grupo, y tras tener la entrada prohibida a los casinos de Las Vegas, comienza su actividad con un nuevo grupo en los recientemente abiertos casinos de Atlantic City. En esta oportunidad alcanza ganancias de casi un millón de dólares.
Pero como todo lo bueno dura poco, pronto se le prohíbe la entrada no solo a los casinos de Atlantic City sino a todos los casinos del mundo.
Pero Uston no se quedó quieto. Inició una demanda contra los casinos, que ganó. Por eso desde ese momento no se considera que los contadores de cartas hagan trampa. De hecho, continuó apostando hasta su muerte, inclusive llegando a convertirse en un gran artista del disfraz, a fin de cambiar su apariencia para poder seguir apostando.
