
Recordemos una de las más dolorosas caídas del hombre ante la máquina. El año era el de mil novecientos noventa y siete. Y como si fuese un encuentro de boxeo, el cuadrilátero exudaba tensión entre los dos competidores. En la esquina de acero, representando a las máquinas de todo el mundo, se encontraba la máquina llamada Deep Blue.
En la esquina de carne, representándonos, una de nuestras mejores mentes: Gary Kasparov. Y al centro, la zona de los golpes: un tablero de ajedrez. Kasparov, campeón mundial, había derrotado a la Deep Blue apenas un años antes, en el noventa y seis, con un marcador de 4 a 2. Esta victoria enalteció los valores del hombre por sobre los de la máquina, pues cuando la Deep Blue fue derrotada, era capaz de realizar más de cien millones de posiciones por segundo.
Pero ahora, un año después, la nueva Deep Blue pedía revancha, y los ojos del mundo miraban atentos el encuentro.
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