
En los momentos en los que estaba frustrado me decidía por realizar mis llamadas telefónicas terapéuticas a los que ya conocía, casi familiarmente, como el idiota 1 y el idiota 2. Sin embargo, luego de algunos meses de haberles llamado, ya no lo disfrutaba tanto. Es que ya me había habituado a estas terapéuticas llamadas telefónicas. Entonces, tuve una nueva idea, y llamé una vez más al idiota 1.
“Hola”, dijo él. Y yo le grité “¡Eres un idiota!”, pero esta vez no con el teléfono
“¿Todavía estás allí?”, me preguntó. “Si”, le dije. “Deja de llamarme”, me gritó.
“Oblígame”, le dije.
“¿Quién eres?”, me preguntó el idiota.
“Mi nombre es Don Hansen”, le dije yo.
“¿Ah, sí? ¿Y dónde vives?”, me preguntó el idiota, desafiante.
Y le dije “Mira, idiota, vivo en el 1802 de la calle 34 Oeste, es una casa amarilla, y mi BMW negro está estacionado al frente”.
Entonces él me dijo “Ya mismo salgo para tu casa, Don. Será mejores que comiences a decir tus plegarias”.
Le dije, burlándome de él, “Sí, como si estuviera en verdad asustado, idiota”.
Luego, y velozmente, le llamé al idiota 2.
“¿Hola?”, me dijo.
“Hola, idiota”, le contesté.
Él me gritó “Si alguna vez averiguo quién eres, yo…”.
“Tú… ¿qué harás?”, le dije al idiota 2.
“Te patearé el trasero”, me dijo enojado.
A lo que le contesté “Pues bien, idiota, he aquí tu posibilidad. En este mismo momento salgo para tu casa”.

Luego de haber llamado al idiota 1, y ya que me había acostumbrado a decirle mi frase característica, tuve la idea de añadir un número más a mi lista de marcado automático. Recordando la frustración que tuve cuando el idiota se me adelantó en el estacionamiento de la tienda, toma el teléfono. Marqué el número del idiota del BMW negro y le dije “¿estoy hablando con el hombre que tiene un BMW de negro a la venta?”.
“Sí, con él habla”, me dijo.
“¿Podría decirme dónde puedo ir a verlo?”. Y el idiota me respondió “Sí, vivo en el 1802 de la calle 34 Oeste. Es una casa amarilla, y el auto está estacionado al frente”.
“¿Cuál es su nombre?”, le pregunté pacientemente, a lo que el idiota me respondió con igual paciencia y cortesía con la frase “Mi nombre es Don Hansen”.
“¿Cuándo es buen momento para encontrarte, Don?”
“Estoy en casa cada tarde, después de las cinco”.
“Oye, Don, ¿puedo decirte algo?”
“Si, dime”, me respondió el idiota.
“Don, eres un idiota”. Luego colgué el teléfono, y añadí este número a mi marcado automático también.Pues bien, ya tenía en mi marcador automático de números telefónicos al idiota uno y el idiota dos. Ahora, cuando he tenido un problema, o si simplemente había estado teniendo un mal día, ya tenía a dos idiotas a los cuales podría llamar para descargarme.
