
Los casinos desean que todos sus juegos tengan un margen de ganancia para la casa y, en su mayoría, lo tienen. Para algunos juegos este margen es alto, para otros es bajo. El blackjack es una excepción singular debido a que permite la posibilidad de que el jugador, con base en sus habilidades, obtengan un margen matemático mientras apliquen la estrategia perfecta y realicen un seguimiento de las cartas que han sido jugadas.
Pero no son muchas las personas que pueden hacer esto en la vida real, y el blackjack, finalmente, termina dándole al casino una gran cantidad de dinero. La mayoría, proveniente de personas que creen que pueden ganar si juegan utilizando algún sistema casero durante el tiempo necesario.
Las matemáticas que subyacen al resto de los juegos de los casinos se basan en el azar, como por ejemplo en el tiro de la bolilla de la ruleta, que rebota azarosamente de casillero en casillero sin que nadie sepa dónde caerá. También en la mezcla de las cartas, que por lo general realiza una máquina, en el Let It Ride y en el Caribbean Stud antes de que reparta la ronda.
El rebotar de los dados contra la pared trasera de la mesa, provista de pirámides de goma espuma para que este rebote los haga girar en forma rápida y caer sobre la mesa mostrando un resultado incierto e impredecible. El azar es la clave en estos juegos, y la matemáticas asociada a ellos se basa en la distribución de los resultados.
