
Y es que a diferencia de antaño, cuando los dueños de los casinos eran hombres excéntricos que gustaban de dar espectáculo a cambio de publicidad, hoy en día los casinos actúan de modo muy distinto. Ellos saben que recibirán tu dinero, pero quieren hacerlo de forma cada vez más veloz.
Por ejemplo; un trago que puede costarte en un hotel-casino, setenta y cinco centavos, te costará un dólar completo si lo pides en el servicio a cuarto. ¿Por qué? Porque si te lo mandan a la habitación te estarán cobrando los veinticinco centavos de ese cambio que te dieron y que se suponía tu echaras a las máquinas tragamonedas.
¿Te parece una exageración? Entonces deberías saber que entre el sesenta y cinco, y el setenta por ciento de las ganancias de un casino, provienen de las máquinas tragaperras.
La gente del estado de Nevada, incluso, cambió sus leyes, y hoy día, por ejemplo, se necesita estar hospedado en una habitación para poder acceder al cuarto de cartas, cuando en cambio, se puede encontrar máquinas tragamonedas hasta en los supermercados.
Y en esta historia del cómo ha sido y cómo es el póker; el único espacio que queda en blanco es el cómo debería ser. Ese espacio en blanco, debería ser llenado por el protagonista de la historia de los casinos: el apostador.
