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Con la popularidad creciente que ha tenido el póker en los últimos años, cada vez son más los jugadores que se van animando a jugar las distintas variantes que ofrece este juego. La más popular de ellas, el Texas Hold’em, ha generado tanto culto a su alrededor, que los jugadores que por fin comenzaron a desarrollar las técnicas propias del Hold’em, en ocasiones no dudan en llevarlas a otros tipos de variantes de juego, tales como la Anaconda.
Hacer esto es un gran error; tenemos que comprender que en el póker, como en la geografía: el Texas no es lo mismo que el Omaha. Si ya has tenido bastante del Hold’em, y quieres adentrarte en otra forma de mover las cartas, entonces lo primero que deberías de tomar en cuenta, son las diferencias centrales del nuevo juego que tomes. Lo primero que hace mucha gente al incursionar al Omaha, por ejemplo, es creer que se puede jugar como en el Hold’em.
Este error es producido porque de inicio, se juega con cinco cartas comunitarias, al igual que en Hold’em; pero hay que entender que aquí es donde las similitudes terminan. En el Hold’em, puedes usar cualquier combinación de estas cinco cartas; y en el Omaha, lo más característico es que tendrás que jugar con las dos cartas de tu pocket, más tres cartas que estén en la mesa.
